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Cartel de la película "Cantando bajo la lluvia"

         Nos encontramos en un contexto histórico de lo más peculiar. Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, los cineastas exiliados intentan reconducir sus carreras. Es el momento de Cantando bajo la lluvia (1952), Bienvenido Mr. Marshall (1953) o La ventana indiscreta (1954), del maestro Alfred Hitchcock.

Podemos caracterizar esta década como una de las más fructíferas para este genio de la cámara inglés, pues de esta época son algunas de sus obras más aclamadas, como Extraños en un tren (1951), Con la muerte en los talones (1959), Pero…¿quién mato a Harry? (1955), El hombre que sabía demasiado (1956),  Falso culpable (1956) o Vértigo (1958).

También es el momento de directores como Eugene Lourie, con largometrajes como El monstruo de tiempos remotos (1953), o Jack Arnold con Tarántula (1955). A su vez, éste es un período en la que surgen diferentes corrientes cinematográficas a lo largo y ancho de todo el mundo.

Así, encontremos la corriente francesa Cinéma Verité o Cine de realidad , que intenta captar la vida tal y como es. Surgirá en esta década pero será desarrollada en los años ’60. De origen francés también es la Nouvelle Vague, una nueva forma de hacer cine llevada a cabo por un grupo de cineastas que aspiraba a la liberación técnica del cine, sin limitarse a exigir la libertad de expresión.

Por último, encontramos la corriente británica Free Cinema, que se mantuvo hasta la década posterior. Intenta establecer el realismo en el cine documental y de ficción. Pertenecen a este tipo de cine películas como Momma don’t allow, Karel Reisz y Tony Richardson.

Dado que es una época de resurgimiento en todos los sentidos, el cine no podía ser menos. Con el espléndido desarrollo de la televisión a nivel mundial, se evidencia la necesidad de renovación del séptimo arte. Así, entre otros cambios, los formatos de las pantallas fueron ampliados de nuevo, pues en la Gran Depresión de los años ’30, el elevado coste llevó a la industria a rebajar el ancho de las mismas. Ejemplos de esto son el formato Cinemascope, creado en 1953, o el Panavisión, surgido en 1967 y que es el más utilizado en la actualidad.

Respecto a otros grandes éxitos cinematográficos de esta época, destacamos: La Reina de África  (1951), de John Huston; La Vuelta al Mundo en 80 Días (1956), del director Michael Anderson; Los Siete Samuráis (1954), de Akira Kurosawa; Un Americano en París (1951), del director Vincent Minelli; El Mundo en sus Manos (1952), Raoul Walsh; y Rebelión en la Granja (1954), de los directores Joy Batchelor y John Halas.

"Crimen perfecto"

         En este contexto se encuentra la película Crimen Perfecto, en la que Alfred Hitchcock ejerce de director y productor. Este largometraje fue estrenado en 1954 y está basado en la obra teatral del autor inglés, Frederick Knott. Protagonizada por la famosa Grace Kelly, Ray Milland y Robert Cummings, esta obra de suspense es uno de los grandes legados del maestro Hitchcock.

Encontramos a un marido despechado que conoce de las infidelidades de su mujer. Tras haberlo estado planeando durante mucho tiempo, decide chantajear a un antiguo compañero para planear el asesinato perfecto de Margot, personaje interpretado por Kelly. Cierta noche en la que todo parece ir bien, una llamada telefónica desencadena una serie de sucesos intrigantes.

Tras haber conseguido deshacerse del asesino, Margot avisa de lo sucedido a las autoridades, a su marido y a su amante, que intentarán resolver el caso, a la vez que, Tony Wendice, el marido de ésta, se dejará la piel intentando escapar de las sospechas policiales.

A partir de ahí, muchas conjeturas y supuestos se barajan en la investigación del caso. Por ello, el espectador debe estar con los cinco sentidos en el diálogo de los protagonistas, pues una vez que pierdes el mínimo detalle, puede resultar difícil entender el desarrollo posterior de la película. A pesar de esto, cuando la trama llega a su fin, resulta satisfactorio haber sido capaz de seguir el avance de la historia, ya que no cabe duda del porqué de los diferentes sucesos.

Sin embargo, el reto de esta película no está solo en la agudeza intelectual que el guión presenta, sino también en la escenografía. Hitchcock logra organizar todo un entramado de dudas respecto a la investigación mostrando únicamente un escenario: la casa del matrimonio Wendice. Esto refuerza la historia y evidencia la capacidad del director de concentrar todos los acontecimientos en una sola habitación, lo que no resulta nada fácil.

En definitiva, es uno de los grandes clásicos del cine, un “must see” en toda regla. El maestro del suspense sabe manejar a la perfección la intriga de la cinta.

Livia Samper Mateo.

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