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En esta década el cine está fuertemente marcado por la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría

Ambos frentes se centraron en el cine propagandístico y exaltador del espíritu nacional. Alemania realizaba producciones pro-Hitler y sobre el nazismo; así tenemos películas como El judío Süss (1940), dónde se incluye parte del discurso que propició el Holocausto.

Los soviéticos, a su vez hicieron películas documentales donde se exaltaba la figura de Stalin, como Iván el terrible (1943-1945)

EE.UU.  intentaba que el soldado se sintiese respaldado y filmaba películas dónde se exaltaba a todo tipo de héroe;  Casablanca (1943) es un ejemplo de ello. Pese a todo, el pesimismo de la época se plasmaba en el cine negro en películas como El halcón maltés (1941), de John Huston o  El abrazo de la muerte (1949), de Robert Siodmak.

Por otro lado, en esta época los western lograron su gran éxito. En ellos se contaba parte de la historia de ese gran país ganador  de la guerra fortaleciendo el sentimiento nacional. El gran actor de western  John Wayne es de esta época

Una vez acabada la guerra, sus consecuencias y el comienzo dela Guerra Fría caracterizaron al cine durante los años siguientes, además de plasmar el gran problema que era el comunismo. En  Hollywood se sintió  la opresión del Comité de Actividades Antiamericanas y se persiguieron a directores, guionistas y actores que pudiesen tener alguna relación con la ideología comunista.

  En este panorama se inserta la película “¡Qué bello es vivir!” de Frank Capra de la que realizaré una pequeña crítica.

  ¡Qué bello es vivir! es una de las grandes películas de la década de los 40. El protagonista es George Bailey (James Stewart), un hombre bueno, trabajador e inteligente que, sin embargo, no logrará ninguno de sus sueños

  A lo largo de la película Bailey  renuncia poco a poco a ellos, pero no porque deje de desearlos, sino por el bien de los demás: para que su hermano pueda ir a la universidad, para que la empresa de su padre no se declare en quiebra, para ayudar a sus vecinos… En un momento de la película se pierden 8000 $ y sin ellos, la empresa de empréstitos de su padre quebrará y él o su tío Billy que es copropietario, irán a la cárcel haciendo que todo aquello por lo que renunció a sus sueños, no haya servido para nada.

  El protagonista se siente desolado, desesperado, fracasado.

  Ante tanta frustración decide suicidarse pero, como todo en su vida, se torcerá y será él quien rescate a otro suicida que había saltado desde el puente: Clarence (Henry Travers), quien es su ángel de la guarda y  le mostrará lo que hubiese sido la  vida si Bailey jamás hubiese existido.

  Para empezar, su hermano Harry, condecorado con una medalla del congreso por su actuación enla Segunda Guerra Mundial, habría muerto a la edad de 7 años, pues Bailey no hubiera estado allí para salvarle al caer en el hielo,  por lo que cientos de americanos, que Harry salvo a destruir los aviones camicaces que iban contra su convoy, habrían  fallecido.

  Su pueblo Bedfordfalls,  ese que había querido abandonar desde pequeño para cumplir sus sueños, habría pasado a ser propiedad del señor Potter (Lionel Barrymore), empresario sin escrúpulos, quien en su afán de enriquecerse, habría arruinado y obtenido el monopolio de todas las empresas del lugar. El pueblo, llamado ahora Potterville, sería un lugar de juego y desenfreno, en el que la pobreza de sus gentes sería la principal característica. La empresa de empréstitos que Bailey dirigía, hubiese cerrado al morir su padre, y todos aquellos préstamos y ayudas que se habían dado a las buenas personas del pueblo, confiando en su buena fe para devolver el préstamo, jamás se hubiesen realizado y de ahí la decadencia del pueblo.

  Su mujer (Donna Reed) habría acabado siendo una solterona, y sus hijos, su familia, lo más importante para él, no existirían.

  La película muestra cómo todas las vidas están relacionadas; cómo todos nuestros actos  por insignificantes que puedan parecer, tienen su repercusión; cómo nuestras vidas afectan y cambian el mundo y cual determinante y valiosa es nuestra vida para los demás.

  Es una película contra la desesperación, en la que se hace referencia al héroe anónimo, al hombre bueno que da todo por los demás sin recibir nada a cambio y que sin lograr el éxito, cambia el mundo. Ese personaje de la intrahistoria como diría Unamuno.

  Estamos aquí por algo y para algo, tenemos un tiempo que es un don que se nos ha concedido y que, por muchas dificultades que podamos encontrar en él, merece la pena vivir por nosotros y por los que nos quieren y formamos parte.

  Película que posee gran sentimiento cristiano y moralidad, que sin duda recomiendo en esta vida tan competitiva, solitaria y a veces amarga, pues nos muestra lo que la vida es, lo que supone nuestra existencia  y hace recapacitar acerca de ella

  George Bailey creía que todo le había salido mal, no vio cumplirse sus sueños, era pobre y se sentía fracasado y sin embargo, era el más bendecido, el más rico; una buena persona a quien todos los demás amaban y respetaban.

  Es una película de las que ya no se hacen, reflexiva y humana que muestra unos valores, que, por desgracia, se están perdiendo en la sociedad.

Fuente carácteristicas: Cine y Letras

Bárbara Cañuelo Prada

Escena de ¡Qué Bello es vivir!

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